La sesión de preboda: qué es y por qué la recomendamos
La preboda como espacio para conocernos antes del gran día
La primera vez que muchas parejas están delante de una cámara de forma prolongada es el día de su boda. Y aunque el resultado suele ser bonito, hay algo que ocurre cuando quienes se fotografían se sienten cómodos de verdad: la diferencia es enorme.
Por eso recomendamos siempre la sesión de preboda. No como un requisito, sino como una oportunidad.
¿Qué es una sesión de preboda?
Una preboda es una sesión de fotografía realizada antes del día de la boda. Puede hacerse semanas o meses antes, en el lugar que vosotros elijáis: un entorno natural, vuestro barrio, un espacio que tenga significado para vosotros o simplemente un lugar que os resulte bonito.
No hay guión establecido. No hay poses obligatorias. Es, básicamente, una conversación con una cámara presente.
Para qué sirve realmente
Hay quien piensa que la preboda es una excusa para conseguir más fotografías. Tiene algo de eso, claro. Pero para nosotros su valor principal es otro: es el momento en el que nos conocemos de verdad.
El día de la boda llega cargado de emociones, de personas, de cosas que pasan. No es el mejor momento para que una pareja y su fotógrafo se encuentren por primera vez delante de una cámara. La preboda cambia eso. Nos permite calibrar cómo trabajamos juntos, qué tipo de imágenes nos interesan a todos, qué ritmo nos va bien.
Cuando el día de la boda llegáis y ya nos conocemos, ya hemos compartido un rato así, la dinámica cambia completamente. Os véis a vosotros mismos en fotografías y sabéis cómo va a funcionar. Nosotros sabemos cómo fotografiaros.
¿Cuándo y dónde hacerla?
No hay una respuesta única. Lo habitual es hacer la preboda entre dos y seis meses antes de la boda, cuando la planificación ya está avanzada pero todavía hay tiempo para que las imágenes puedan usarse en detalles de la celebración si los queréis.
En cuanto al lugar, nuestra recomendación es elegir un entorno que tenga algo que ver con vosotros. No hace falta que sea espectacular. Un barrio, un parque, una cafetería que frecuentáis, la costa de Gipuzkoa un día entre semana. Los mejores escenarios no son los más llamativos sino los que os permiten estar tranquilos y ser vosotros mismos.
¿Y si no me gusta salir en fotos?
Esta es, precisamente, una de las mejores razones para hacer una preboda.
Si sentís que delante de una cámara os ponéis rígidos, que no sabéis dónde poner las manos o que las fotos nunca os gustan, la preboda es justo para eso. En una hora o dos, a un ritmo tranquilo, sin la presión del día grande, la mayoría de las personas descubren que el problema no era la cámara sino no haber tenido suficiente tiempo para olvidarse de ella.
Las fotografías que más nos gustan de las prebodas no son las que buscamos. Son las que aparecen cuando ya llevamos un rato juntos y la pareja ha dejado de pensar en cómo están saliendo.
La preboda como experiencia en sí misma
Hay algo más que queremos contar, y es que para muchas parejas la preboda acaba siendo, sin esperarlo, uno de los momentos que más recuerdan de todo el proceso de preparación de la boda.
Un rato para los dos, sin invitados, sin listas de tareas pendientes, sin catering ni proveedores que confirmar. Solo vosotros dos y unas pocas horas para pasear, hablar y hacer algo completamente distinto a todo lo demás que implica organizar una boda.
Si tenéis dudas sobre si incluir una sesión de preboda en vuestro reportaje, podéis contárnoslo desde el formulario de contacto. Os explicamos cómo lo trabajamos y si encaja con lo que estáis buscando.