Qué hacer si llueve el día de mi boda
Qué hacer si llueve el día de vuestra boda
Cuando una pareja empieza a imaginar su boda, casi siempre aparece una versión bastante concreta del día: una ceremonia exterior, un cóctel al sol, una luz bonita al final de la tarde y todos los planes funcionando exactamente como estaban previstos. Pero en Gipuzkoa sabemos que el tiempo tiene bastante personalidad, y eso significa que una de las preguntas que más se repite antes de una boda es bastante sencilla:
¿Qué hacemos si llueve?
La respuesta corta es que una boda con lluvia puede seguir siendo una gran boda. La respuesta un poco más larga es que conviene organizar algunas cosas bien para que la lluvia no termine condicionando todo el día.
No intentéis luchar contra el tiempo
Probablemente el peor escenario no sea que llueva, sino pasar toda la boda pendientes de si deja de llover. Mirar constantemente una aplicación del tiempo, mover horarios cada veinte minutos o intentar mantener una ceremonia exterior cuando todo indica que no va a ser posible suele generar bastante más tensión que la propia lluvia.
Si el día viene complicado, nuestra recomendación es asumirlo cuanto antes y trabajar con ese escenario. Una boda sigue teniendo discursos, abrazos, nervios, encuentros, familiares que no se veían desde hace tiempo, amigos celebrando juntos y probablemente una pista de baile llena al final del día. Nada de eso desaparece porque esté lloviendo fuera.
En DOVA Studio entendemos la fotografía de boda desde una mirada natural y documental, intentando adaptarnos a lo que sucede en lugar de forzar situaciones. Podéis conocer mejor nuestra forma de trabajar.
Tened siempre un plan B que realmente os guste
Cuando visitéis un espacio para celebrar vuestra boda, no preguntéis únicamente dónde se hace el cóctel si hace buen tiempo, preguntad también qué ocurre exactamente si llueve.
¿Dónde se celebraría la ceremonia? ¿Dónde estarían los invitados durante el cóctel? ¿Hay suficiente espacio interior? ¿Tiene luz natural? ¿Se puede mantener aproximadamente la misma organización o todo cambia por completo?
Esto es especialmente importante en lugares donde gran parte del atractivo está en los jardines o en una ceremonia exterior. El plan B no debería sentirse como el lugar al que os mandan cuando el plan bueno falla, debería ser un espacio en el que también os imaginéis celebrando vuestra boda.
Por eso nos gustan tanto los lugares que funcionan bien tanto dentro como fuera. Cuando el interior tiene personalidad propia, deja de parecer una solución de emergencia y pasa a ser, simplemente, otra manera de vivir el día.

No toméis decisiones demasiado pronto
Una semana antes de la boda es bastante normal empezar a mirar la previsión meteorológica varias veces al día y también es bastante normal que esa previsión cambie. Especialmente aquí.
Un icono de lluvia no significa necesariamente ocho horas de lluvia continua, puede significar un chaparrón de veinte minutos, lluvia durante la mañana y sol por la tarde o exactamente lo contrario.
Por eso no suele tener demasiado sentido cambiar toda la planificación con demasiados días de antelación. Tened preparado el plan alternativo, hablad con el espacio y con los proveedores, pero intentad tomar las decisiones importantes cuando la previsión sea algo más fiable.
La lluvia no significa que no podamos hacer fotografías fuera
Esta es probablemente una de las dudas que más tienen las parejas. Si llueve, no significa necesariamente que todo el reportaje tenga que hacerse en interiores.
Muchas veces durante el día aparecen pequeñas ventanas sin lluvia y diez o quince minutos pueden ser más que suficientes para salir, caminar un poco y hacer algunas fotografías sin convertirlo en una sesión. Y si cae una lluvia fina, también podemos trabajar con ella.
Un paraguas, una calle mojada, reflejos en el suelo o una luz más suave pueden generar fotografías completamente diferentes a las de un día soleado. Lo importante es no construir toda la boda alrededor de la idea de conseguir una determinada fotografía: si aparece la oportunidad, la aprovechamos; si no aparece, buscamos otra cosa.
En nuestros proyectos de fotografía podéis ver cómo cada boda acaba teniendo una atmósfera distinta según el lugar, la luz y lo que ocurre ese día.

Un cielo gris no es necesariamente una mala noticia para las fotografías
Existe la idea de que para conseguir buenas fotografías hace falta sol, pero no es así. De hecho, un cielo cubierto puede ofrecer una luz muy agradable: las sombras son más suaves, podemos fotografiar prácticamente en cualquier dirección y evitamos algunos de los contrastes fuertes que aparecen en las horas centrales de un día muy soleado.
La lluvia también cambia el aspecto de los lugares. La piedra se oscurece, los colores se saturan, aparecen reflejos y muchas calles adquieren una atmósfera completamente distinta. En lugares como Hondarribia, Donostia o cualquiera de los pueblos con casco histórico de Gipuzkoa, una calle mojada puede resultar especialmente bonita.
No queremos decir con esto que debáis desear que llueva, simplemente que un día gris no significa automáticamente unas fotografías peores.
Los paraguas pueden ayudar, pero no hace falta llenar la boda de ellos
Si la previsión realmente anuncia lluvia, merece la pena tener algunos paraguas preparados. Preferimos paraguas sencillos y grandes, que permitan caminar cómodamente y no llamen demasiado la atención dentro de las fotografías.
No hace falta comprar cien paraguas idénticos para todos los invitados, salvo que realmente forme parte de vuestra organización. Muchas veces basta con tener algunos disponibles para los momentos en los que haya que desplazarse entre espacios y, para las fotografías de pareja, uno o dos paraguas suelen ser más que suficientes.
Pensad especialmente en los desplazamientos
La lluvia empieza a ser incómoda cuando obliga a mover a muchas personas de un lugar a otro sin una alternativa clara. Por ejemplo, si la ceremonia está en un edificio, el cóctel a varios minutos andando y el banquete en otro espacio diferente, merece la pena pensar qué ocurriría si en ese momento estuviese lloviendo con fuerza.
¿Hay transporte? ¿Los invitados pueden esperar bajo techo? ¿Los accesos son cómodos? ¿Las personas mayores tendrán que recorrer una distancia larga?
Son preguntas poco románticas cuando estáis organizando una boda, pero solucionarlas antes puede cambiar muchísimo cómo se vive el día.
Dejad algo de margen en los horarios
Los días de lluvia tienden a ralentizar algunos movimientos. La gente tarda un poco más en salir de la iglesia, aparecen paraguas, hay que esperar a que llegue un coche o quizá convenga retrasar diez minutos una salida porque está cayendo un chaparrón fuerte.
Si toda la planificación está construida al minuto, cualquier pequeño cambio empieza a acumular retrasos. Nosotros preferimos los horarios con cierto margen, y no solamente cuando llueve.
Una boda se disfruta mucho más cuando no existe la sensación constante de tener que correr hacia lo siguiente.
No hace falta sacrificar el vestido para conseguir una fotografía
Parece evidente, pero merece la pena decirlo. Si fuera está lloviendo muchísimo, hay barro y hace frío, no creemos que tenga sentido obligaros a salir durante media hora simplemente porque estaba previsto hacer fotografías en un determinado lugar.
Podemos esperar, podemos cambiar el lugar, podemos hacer fotografías dentro o, sencillamente, podemos no hacer esa fotografía.
Nuestro trabajo consiste en adaptarnos a lo que está sucediendo, no en convertir la boda en una producción fotográfica. Si salir cinco minutos merece la pena y os apetece, salimos, pero si significa pasar frío, mojaros por completo o preocuparos por el vestido durante el resto del día, probablemente existan opciones mejores.
Los interiores también cuentan vuestra boda
A veces, cuando pensamos en las fotografías de una boda, imaginamos automáticamente jardines, calles o paisajes, pero muchos de los momentos más importantes ocurren dentro. Los preparativos, una conversación con vuestros padres, la ceremonia, los discursos, una sobremesa larga o el comienzo de la fiesta no necesitan buen tiempo.
Además, un interior con personalidad puede convertirse en una parte importante del reportaje. Por eso, cuando fotografiamos una boda con lluvia, no intentamos esconder constantemente que estamos dentro, si el espacio es bonito queremos que también aparezca.
Y lo mismo ocurre con el vídeo. La lluvia, el sonido, los reflejos y la atmósfera también pueden formar parte de la historia, en lugar de convertirse en algo que tengamos que esconder. Podéis ver algunos de nuestros proyectos de vídeo de boda.
Y si llueve durante toda la boda, tampoco pasa nada
Puede ocurrir. No siempre aparece esa ventana perfecta de veinte minutos en la que deja de llover justo cuando queríamos salir y, aun así, la boda sigue sucediendo.
Quizá dentro haya una luz distinta, quizá los invitados estén más juntos o quizá el cóctel termine generando escenas que no habrían ocurrido si todo el mundo estuviese repartido por un jardín enorme.
Cada boda acaba encontrando su propia forma y muchas veces las circunstancias que parecían un problema antes del día terminan formando parte de aquello que la hace diferente.
Entonces, ¿qué hacer si llueve el día de vuestra boda?
Tened un plan B que realmente os guste, hablad con vuestro espacio antes del día de la boda, dejad algo de margen en los horarios y evitad tomar decisiones precipitadas simplemente porque una aplicación muestra un icono de lluvia.
Y cuando llegue el día, intentad dejar de mirar el cielo.
Si podemos salir, saldremos. Si aparece una luz bonita, la aprovecharemos. Si llueve, trabajaremos con la lluvia. Y si todo tiene que suceder dentro, buscaremos allí las fotografías.
Porque al final vuestro reportaje no debería recordar únicamente qué tiempo hizo, debería recordar cómo vivisteis vuestra boda mientras fuera ocurría todo lo demás.